¿Con Dios y con quién?

¿Con Dios y con quién?

En Irapuato, las prioridades ciudadanas caben en una frase tan corta como contundente: seguridad, servicios… y fútbol. Y a falta de soluciones en las dos primeras, la tercera ha terminado convirtiéndose en una válvula de escape, un sustituto emocional y —cada vez más— en un terreno fértil para la política. El regreso del Club Irapuato

En Irapuato, las prioridades ciudadanas caben en una frase tan corta como contundente: seguridad, servicios… y fútbol. Y a falta de soluciones en las dos primeras, la tercera ha terminado convirtiéndose en una válvula de escape, un sustituto emocional y —cada vez más— en un terreno fértil para la política.

El regreso del Club Irapuato bajo el paraguas financiero de Healthy People no solo reactivó las gradas; reactivó una narrativa que parecía olvidada: la de la ciudad que encuentra identidad donde el gobierno no lograba ofrecerla. El equipo llegó a finales -aunque perdió-, llenó el estadio y devolvió un entusiasmo que la administración municipal no pudo obtener ni invirtiendo 142 millones de pesos en remodelaciones.

Y ahí comienza el problema. Mientras el balón rueda en la cancha, en las oficinas municipales se libra un partido distinto. Quién capitaliza políticamente el fervor. Quién se queda con la foto. Quién se lleva el aplauso. En ese jaloneo, la administración actual de Lorena Alfaro García se enfrenta a una afición dispuesta a “defender” a Selomith Ramírez como si fuera parte de la alineación titular. Y, para ciertos sectores, cualquier crítica hacia Healthy People se interpreta como un ataque al equipo, como si cuestionar a quien financia el espectáculo fuera ponerle tarjeta roja al fútbol mismo.

¿Hay preferencias?

En los años setenta se hablaba de mensajes subliminales escondidos en los discos de rock. Hoy, en Irapuato, no hace falta darle la vuelta a ningún track pambolero: basta escuchar el murmullo ciudadano. Se está asomando algo. No es una candidatura todavía, ni un plan estructurado, pero sí un fenómeno político en incubación.

Selomith Ramírez no es política -queda claro-, pero ya juega en el campo de la política, pues tiene simpatizantes, una narrativa, tiene visibilidad y, lo más peligroso para cualquier gobernante en funciones, tiene causa. Ese tipo de figuras no se fabrican desde un partido; nacen desde la emoción colectiva. Y hoy, en Irapuato, la emoción colectiva parece que no está jalando hacia el municipio, sino hacia las gradas.

Mientras tanto, Alfaro García enfrenta algo más difícil que la crítica, una nueva indiferencia. La percepción de que no conecta, no inspira, no entusiasma. Y en una ciudad de casi 600 mil habitantes, no necesitas mayoría para cambiar una elección, todo basta con una ola emocional bien dirigida.

La posible jugada

Imaginando aún dentro de esta ficción, la trama se vuelve simple: una empresaria con respaldo social creciente, acercamientos visibles de actores de Morena —como el diputado Emmanuel Reyes Carmona— y un electorado cansado de los mismos rostros, dispuesto a premiar a cualquiera que le devuelva identidad.

Y Morena, que suele moverse con la sensibilidad del cazador que olfatea el oportunismo, podría no dejar pasar estas coyunturas. Sus perfiles locales —Hades Aguilar, Abraham Sotomayor, Ernesto Millán— ya se disputan espacios en las redes. Aun así, ninguno de ellos arrastra el capital emocional que genera el futbol. Ninguno llena un estadio, ni provoca cánticos.

¿Eso convierte a Selomith en candidata? No. Pero se vuelve una tentación para una falta de prospecto.

El verdadero dilema

La pregunta no es si una presidenta de club debería convertirse en presidenta municipal. La pregunta es por qué Irapuato está tan dispuesto a buscar en el espectáculo lo que no encuentra en su gobierno.

Porque si la identidad de una ciudad depende más de un gol que de una política pública, el problema no está en quien toma el balón: está en quienes dejaron la cancha vacía..

Si en las próximas elecciones gana quien emociona y no quien gobierna, entonces quizá sea momento de preguntarnos qué preferimos:

¿un proyecto de ciudad, o un proyecto de estadio? ¿con Dios y con la Trinca… o con Dios y con quien nos ofrezca espectáculo?

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