Cuando en Irapuato no había absolutamente nada qué hacer (aprovechemos que hoy tenemos un panorama social y político que empuja a la distracción), tres sujetos encabinados en algún cuarto de ensayo del Brave Studio, dejaban sudando las paredes con un potente performance de “El Diablo”. Podría yo mismo asegurar que en la mente de Mau,
Cuando en Irapuato no había absolutamente nada qué hacer (aprovechemos que hoy tenemos un panorama social y político que empuja a la distracción), tres sujetos encabinados en algún cuarto de ensayo del Brave Studio, dejaban sudando las paredes con un potente performance de “El Diablo”. Podría yo mismo asegurar que en la mente de Mau, Dave y Dani, se coqueteaba desde la imaginación, con la posibilidad de seducir a todo un estadio. No era fama, era deseo por tocar.
Angie Read fue un espectáculo en cada noche de libertad en “la ciudad del diamante rojo”. Como un deseo fugaz antes de soplar un diente de león, nos soplamos los mil sonidos que provenían de la guitarra de Mauricio, potenciada a bulbos, los redobles nítidos y sobrios de Dave, con la mayor calidad de sonido, así como las escaladas inteligentes con guiños jazz que se permitía Daniel, mientras acompañaba los coros.
Ya hablando puramente del estilo y sonido de esta gran banda, pudimos ver los ejemplares más absolutos del rock y blues en los últimos años, con mucho fuzz que aparecía para trasladarnos a Jack White, así como momentos que hacían fruncir el ceño ya sea por el incremento en ritmo, un beat cada vez más rápido sobre un riff del bajo que permitía, cada noche, una infinidad de posibilidades para el jam de este trío.
“Red diamond psicodelice” fue (hasta este momento) su único trabajo producido y publicado en plataformas, así como en edición física. Se trató de un EP producido por el amigo y habilidoso Jesús Bravo, que constó de cinco canciones que demuestran sin más, una capacidad enorme de este trío para componer, jugar y sonar. Entre las piezas, yo siempre me he visto decantado por “Antinatural”, la canción más relajada de este trabajo, pues son sus sonidos, su paciencia y la voz lo que me dejan disfrutarla al grado de ser como aquellas míticas baladas escondidas de unos Mother Love Bone.
Sin duda, es de reconocer que Mauricio fue el único guitarrista de tal generación en entender cómo debía sonar su instrumento. No le faltó ser virtuoso, sino le sobró, y en el ego que recogía de cada noche de presentación, logró verterlo en dosis de extasis musical que lo hacían mejorar noche tras noche. Si no lo entienden ahora, es porque no pudieron verlo nunca tocar en vivo.
Este proyecto vio su última presentación en primavera del 2023, y si bien es una necesidad del autor de este ejercicio el escucharlos otra vez en vivo, me podré quedar con los recuerdos suficientes para declarar sin más que, estábamos ante una de las mejores bandas emanadas del bajío guanajuatense. Respeto a quien lo merece, no a quien lo necesita forzar.
El ejemplo más claro será mi siguiente anécdota; en la terraza de La casa de los espíritus, un bar en la capital del estado, a un costado de la Alhóndiga de Granaditas, el show lo cerraba Angie Read. Yo toqué con Kaibil (revisaremos si merece un escrito en un futuro), pero mi razón de estar era poder disfrutar de lo que harían los tres del blues.

La noche llegó y el alcohol ya había navegado por cada vena de los Angie, sin embargo, para ser menos de treinta personas en la terraza, Mauricio decidió repartir mezcal entre los presentes, coronando con un “vamos a convertirnos de verdad en espíritus después de probar este alacrán”. Acto seguido, la noche se tornó lisérgica por el conducto auditivo, “Circus fingers” terminaba la velada, terminaba con tu vida si así lo decidías, pues no hubo ni una sola palabra al ver de rodillas a Mauricio, presionando las cuerdas y los pedales con la rodilla. Dave, visiblemente agotado no dejó de golpear ni un solo tambor, mantuvo el ritmo de la improvisación por al menos 7 minutos más, mientras Daniel volteando hacia el escenario de la bella capital, subía y bajaba a cromatismos con ese bajo azul tan hermoso.
Es romántico ahora escribirlo, pero es que lo reiteró, debieron haber estado ahí.














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