«Sin blanca entré en este gobierno y sin ella salgo, bien al revés de como suelen salir los gobernadores de otras ínsulas.» — Sancho Panza, al dejar la ínsula Barataria (Don Quijote, II, 53) A veces está bien detenerse un poco y pensar en qué se ha convertido la política en Guanajuato; o, mejor dicho,
«Sin blanca entré en este gobierno y sin ella salgo, bien al revés de como suelen salir los gobernadores de otras ínsulas.» — Sancho Panza, al dejar la ínsula Barataria (Don Quijote, II, 53)
A veces está bien detenerse un poco y pensar en qué se ha convertido la política en Guanajuato; o, mejor dicho, en qué se ha convertido Morena en Guanajuato. Las viejas prácticas resurgen: el individualismo por encima de lo colectivo, la primera persona como programa y el nombre repetido hasta que, apenas oído, resuene como el de un exponente. Ser aspirante a nada se volvió proselitismo para el ego y fanfarronear en redes, el único sello que los distingue.
Todos levantan la mano. Todos. Los conocidos y los desconocidos. Y dicen estar preparados, con la mano en la cintura y la soberbia escondida entre dientes. Del pueblo solo quieren la foto, para presumir algo de sustancia popular; pero ¿qué política pública han impulsado para que la gente, en lugar de oír hablar de la transformación, pueda verla? Entre guerras sucias y divisiones internas, desfiguran la unidad y terminan siendo parte de lo que daña al movimiento. Se vuelven aspiracionistas, como si el cargo se ganara a solas y merecieran, por sí mismos, continuar lo que nunca hicieron: trabajar por el pueblo.
¿Cuánto egocentrismo se necesita para que un diputado local, sin más experiencia que la mediática, se plantee una aspiración que le queda grande? Ya se lo advertía don Quijote a Sancho antes de mandarlo a gobernar: «Del conocerte saldrá el no hincharte como la rana que quiso igualarse con el buey». Pero, igual que los panistas, entre ellos se aplauden.
Claro que, por encima de ese ruido y de ese dudoso trabajo popular, hay un perfil que se ha mantenido estrictamente institucional, con la investidura que exige la seriedad del movimiento y que la mayoría no ha entendido: Morena es trabajo, responsabilidad y compromiso con el encargo. No es solo un nombre; representa lo que hace falta: perfiles que se mantienen firmes y, aun así, logran el apoyo sin pedirlo. La conocen como la Doctora.
Irma Leticia González Sánchez suma dos licenciaturas, una maestría y seis diplomados, entre ellos Administración Pública, Vías Terrestres, Actualización Jurídica en la Administración Municipal, Administración Financiera (avalada por el SAT) y Derecho Parlamentario, en Salamanca, España. Fue regidora, diputada local y dos veces presidenta del Congreso del Estado, donde impulsó, entre otras, la iniciativa del tamiz neonatal ampliado, para detectar 80 enfermedades en recién nacidos, así como la propuesta para elegir delegados y delegadas en comunidades rurales. En la elección municipal de 2024, más de 97 mil irapuatenses votaron por ella.
Desde marzo de 2025 es la primera mujer al frente de la SICT en Guanajuato, y ahí la transformación se mide en obra: más de mil 100 millones de pesos para rehabilitar 400 kilómetros de carreteras federales; material fresado donado a cerca de cien municipios y comunidades para arreglar calles y caminos; los bachilleratos tecnológicos federales de León y Celaya; y el tren de pasajeros que ya avanza entre Querétaro e Irapuato rumbo a Guadalajara.
Sancho salió de Barataria con las manos vacías y la conciencia tranquila. Ese y no el tamaño del póster debería ser el criterio. El perfil de la Doctora Irma Leticia es lo que Irapuato y Guanajuato necesitan para continuar con la verdadera transformación: la que no se presume, se ejerce.
Y aun así, desde esa institucionalidad y sin que ella lo exprese, entre las calles y colonias de Irapuato, sin hacer ruido, se comienza a oír:













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