Del INE y los nuevos privilegios

Del INE y los nuevos privilegios

«Desde un mantel importado y de un vino añejado se lucha muy bien. Desde una casa gigante y un auto elegante se «sufre» también». Canción en Harapos · Silvio Rodríguez, 1971/1986. Dos fotografías marcaron los últimos días. En la primera, el recuerdo de Guadalupe Taddei Zavala que alza la mano izquierda al tomar protesta como

«Desde un mantel importado y de un vino añejado se lucha muy bien. Desde una casa gigante y un auto elegante se «sufre» también».

Canción en Harapos · Silvio Rodríguez, 1971/1986.

Dos fotografías marcaron los últimos días. En la primera, el recuerdo de Guadalupe Taddei Zavala que alza la mano izquierda al tomar protesta como presidenta del INE: una clara señal de origen y deber. En la segunda, Claudia Sheinbaum Pardo sonríe en el sepelio de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano: una incierta señal de obligación. De la segunda imagen sobra hablar; de la primera, es urgente.

Cuando la realidad se complica, conviene escuchar canciones que comprometan el pensar. Así destacan los versos de “El breve espacio en que no estás”, de Pablo Milanés. El compatriota de Silvio Rodríguez, Pablito, terminó rompiendo con él debido a sus denuncias abiertas contra los errores del régimen, la falta de libertades y la represión a la disidencia, que lo llevaron al autoexilio.

Siempre hace bien escuchar a Silvio; no siempre hay que hacer lo que dice, pero siempre hay que disfrutar cuando canta. Cuánta falta les haría escuchar y obedecer lo que dice el cantautor, a los nuevos burócratas morenistas, y sobre todo a quienes ignoran que su partido se proclama un movimiento de izquierda y antineoliberal (Página 1 de sus estatutos).

Silvio ha padecido menos la vida común del pueblo cubano y ha gozado más la que «sufren» las cúpulas de la dictadura. El cantautor enamoró con la utopía de “Playa Girón”, encumbró a Fidel con “Fusil contra fusil”, inmortalizó a los mártires en “El elegido” y profetizó la victoria asegurando que, mientras el Che moría, «La era está pariendo un corazón».

Cárdenas nunca logró lo anhelado, terminó por voluntad propia y ajena, lejos de la llamada «cuarta transformación». El destino de Sheinbaum y Taddei fue distinto, siempre en el origen, en la victoria, defendidas y defensoras del «cambio verdadero».

Con la mano izquierda arriba, la presidenta del INE protestó cumplir la Constitución. Sin embargo, desde ese trono de lujos y privilegios abrumadores, operó para conceder una mayoría artificial en el Congreso. A contraprestación, encabezó la entrega de jueces y magistrados a la «voluntad popular».

En respuesta, esa misma mayoría forzada le obsequió una facultad exclusiva y unilateral: nombrar y remover a titulares de las direcciones ejecutivas, unidades técnicas y la Secretaría Ejecutiva del INE. Esto le permitió concretar cuestionados contratos multimillonarios con la complicidad de una presunta red de funcionarios afines.

La reforma legal que centralizó el poder discrecional le permitió adjudicar directamente 197.5 millones de pesos y comprometer hasta 2031 más de 2,500 millones en contratos plurianuales; además, hoy están bajo la lupa 646.3 millones contratados en tan solo dos años en 15 institutos electorales locales (OPLEs).

El Gobierno Federal ya anunció auditorías a las empresas vinculadas a Taddei —y a su clan— por operaciones que datan del año 2000; una maniobra para ampliar el horizonte noticioso y distraer a la opinión pública, «En busca del tiempo perdido».

Qué razón tiene Silvio: “Desde una casa gigante y un auto elegante se «sufre» también”. Taddei parece olvidar, o nunca estuvo obligada a saber, que unos de los objetivos centrales del régimen que hoy llaman “segundo piso de la transformación” es la erradicación de la corrupción y los privilegios asociados a los cargos públicos “heredados de la era neoliberal” (Artículo 2º, inciso d).

Ciertamente, Morena no impuso de forma directa a Taddei, solo impuso el modelo de sorteo que la colocó ahí. Ciertamente, Morena no le ordenó abusar del cargo, sólo le concedió el poder de decidir designaciones por encima del Consejo General. Ciertamente, en Morena no la instruyeron a mentir, sólo la protegieron hasta que el escándalo de los derroches y festines volvió insostenible su defensa.

Por el bien del país, de nuestro estado y municipios, esas bardas que hoy anuncian quién es la respuesta, deberían gritar: “No somos Taddei”, “No somos Rocha”, “No somos Ovalle”, “No somos Adán Augusto”.

Es hora de que sean más izquierdistas anti-neoliberales, verdaderamente como Dinamarca, Noruega, Suecia o Finlandia, y dejen de actuar como “ambiciosos vulgares”. Así como expresó Silvio recientemente, «ojalá» tengan en la mente y en la acción el auténtico compromiso de «revolucionar la revolución».

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